viernes, 16 de junio de 2017

El cuadro. Capítulo 21



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Faltaban veinte minutos para que dieran las ocho de la tarde. Rubén caminaba hacia la calle del Limón, con la bolsa colgada al hombro, ajeno a toda la actividad que se desarrollaba entre los barrios de Malasaña y Conde Duque. Era una de las zonas de Madrid que había renacido, se había reinventado, creando una amalgama de comercios, museos, teatros, bares y restaurantes originales y exclusivos. Allí se podía encontrar toda la oferta de ocio de los grandes barrios pero también la cercanía de los clásicos con pequeños comercios artesanales. Tan pronto podías pasarte por el Mür Café de estilo inglés donde tomar un té o café en sillones Chester como ir a Olive, decorado con cierto estilo vintage en el que todo estaba pintado a mano; y si gustaba más el ambiente nórdico, Federal Café era el ideal. Aquella tarde las terrazas estaban completas. Hacía buen tiempo y era la hora de la transición entre el café y la cerveza fresca. En cualquier caso, todo motivo era suficiente para sentarse a charlar después de un largo día.

Estaba cerca del Centro Cultural Conde Duque cuando descubrió nuevamente a la persona de la moto negra. Parecía que lo estaba esperando. Se detuvo y miró largo rato sin apenas pestañear. Aunque tenía el casco puesto supo que había un cruce de miradas. No sabría precisar cuanto tiempo duró. Les separaba unos trece metros aproximadamente. Puso en marcha la moto y lentamente, sin apartar la mirada, pasó por delante de él hacia la calle Princesa. Rubén contuvo la respiración. Su mano derecha sujetaba con fuerza la bolsa de lona en un acto instintivo. Respiró profundamente intentando calmarse y continuó hacia la tienda de antigüedades.

-¿Qué te ha pasado? –Preguntó Isabel- Parece que has visto un fantasma.

-Más que un fantasma, he visto al mismo diablo. O a uno de sus acólitos. Quien sabe. Últimamente está la gente neurótica –respondió irónicamente intentando dar poca importancia al incidente.

-Yo también presiento que nos vigilan.

-Ahora que no tenemos micrófonos y localizadores, necesitan controlarnos más de cerca.

Isabel asintió con resignación mientras se quitaba el pequeño auricular de la oreja.

-Nuestro amigo César y yo hemos tenido una larga charla esta tarde. Literatura, para ser más precisos -Rubén tardó en reaccionar. No sabía de qué hablaba. Isabel lo miraba divertida ante la cara de desconcierto-. De verdad, a veces eres un poco cortito de mente.

-Ve al grano, que no estoy para criptogramas.

-Hemos hablado de la obra de Julio Verne –continuó sin hacer caso al comentario-. Estoy convencida de que en la mayoría de sus obras hay criptogramas, mensajes ocultos. Incluso su tumba sigue siendo un misterio. Naturalmente César niega que haya un lenguaje hermético debajo de las historias extraordinarias. Y le he retado. Le he apostado a cualquier cuadro de los que tenemos en el sótano de que estoy en lo cierto. Y para ello he enviado documentación sobre el tema, empezando por “Viaje al centro de la tierra”, el fantástico viaje al volcán Sneffels.

-¿Nada más? –preguntó Rubén esperando algo interesante.

-¿Qué más quieres? Le he mandado el archivo por correo electrónico –no veía a Rubén muy convencido-. Sigues siendo cortito. Le he enviado un archivo encriptado con la contraseña Sneffels. Cuando lo abra solo encontrará un pasaje del libro, cuando entran en la cueva, a doble espacio. Las supuestas líneas en blanco intermedias están escritas en color blanco para que se oculten con el color de la pantalla. Espero que cambie el color de los párrafos y pueda leer el mensaje:

«César, estamos convencidos de que tras la última capa de pintura del Jardín Dorado, que Parisi esconde, hay otra anterior con un mensaje. Necesitamos que te pongas en contacto con ella discretamente y mande hacer un escaneo con rayos X. Es muy urgente».

En la esquina inferior derecha de la pantalla apareció un mensaje de nuevo correo. Isabel se sentó frente al teclado y pulsó el ratón.

-Ya tenemos contestación: «Debo admitir que tienes razón, mi querida Isabel. Nunca hubiera pensado leer entre líneas. Reconozco mi derrota. Siempre tuyo. César Bloziat» -miró a Rubén con una sonrisa de triunfo-. Ahora nos toca pensar como sacar los tres lienzos de la tienda sin que nadie lo sepa y enviarlos a su análisis por rayor X.

-¿Dónde vamos a enviar los lienzos?

-En el Museo del Prado sigue trabajando Julia como restauradora. Ella nos ayudará. El problema está en quien se encargará del transporte y de qué forma.

-Hay muchas formas pero puede llamar la atención. En un portalienzos es demasiado evidente, una caja alargada llama la atención, la funda de un violonchelo…demasiado clásico. Tiene que pasar totalmente desapercibido para que no lo intercepten por el camino.

-Tampoco puede ser a través de una empresa de mensajería, los lienzos deben llegar directamente sin que nadie lo sepa –añadió Isabel.

Rubén caminó por el estudio cabizbajo entre las líneas inclinadas de luz que entraban por la ventana. El hechizo de las máscaras africanas parecía haber desaparecido. Ahora eran figuras de madera oblongas, de ojos grandes y boca bien pronunciada. Permanecieron en silencio unos minutos hasta que Rubén cogió su Smartphone y abrió la aplicación de mensajería.

-¿Se te ha ocurrido algo? –preguntó curiosa.

-Sí. Vamos a conseguir que BJ lleve una pierna escayolada.

Isabel se echó a reír.

Accedió al Chat cifrado y envió un mensaje:

>> ULISES [Inactivo]
>> RC.5 [Activo]
>> IS.3 [Inactivo]

>> RC.5
ULISES necesito que te rompas una pierna.

Pasado un minuto el dispositivo de BJ se activó pero no respondió.

-Supongo que estará resolviendo el significado del mensaje –dijo Rubén.

>> ULISES
¿Se puede saber qué te has fumado hoy?
¿Estás majara?
Rómpete la pierna tu…no te jode.

>> RC.5
Es por una buena causa.

>> ULISES
Una buena causa es partirme una pierna practicando Parkour

>> RC.5
Tenemos un trabajo para ti. Es peligroso.

>> ULISES
Qué sorpresa!!!!

>> RC.5
Tienes que llevar un paquete sin que nadie lo sepa. IS.3 y yo hemos pensado que te encargues del trabajo.

>> ULISES
En qué consiste

>> RC.5
¿Puedes escayolarte una pierna y esconder dentro tres lienzos?

>> ULISES
No habría problema. Mis colegas del taller de teatro pueden ayudarme.

>> RC.5
Tendrás que preparar la escayola y partirla en dos trozos de modo que, cuando llegues a la tienda, te la puedas quitar para poner los lienzos. Luego la llevarás a un determinado lugar donde te esperarán.

>> ULISES
¿Y ese lugar es…?

>> RC.5
Lo sabrás cuando vengas. Son las ocho y cuarto de la tarde. Prepáralo. Te avisaremos cuando tienes que venir.

>> ULISES
OK.

Isabel le miró esperando saber cual era el siguiente paso.

-Ahora debemos pensar donde entregar los lienzos. Se me había ocurrido en un lugar donde BJ se siente cómodo.

-¿El Bar Automático por ejemplo? –preguntó retóricamente.

-Sería una buena idea.

-Bien. Voy a llamar a Julia para que mande a alguien al bar. A las diez creo que es buena hora. Habrá mucha gente.

-Espera –Rubén sacó de su bolsa de lona un teléfono móvil-. Llámala desde este teléfono. He comprado una tarjeta prepago. Desde este teléfono podrás hablar más segura.


***

A las nueve y cuarto de la noche BJ llegó a la tienda de antigüedades apoyado en unas muletas mientas intentaba caminar con la pierna derecha escayolada. Saludó con normalidad a Isabel, intercambiaron varios comentarios sobre la pierna y entró como un amigo cualquiera. En el tercer salón de la planta baja, entre muebles orientales, BJ quitó el vendaje que mantenía unidos los dos trozos. Como si fueran moldes, fue separándolos cuidadosamente y enrolló los lienzos especialmente protegidos a su pierna. Luego volvieron a juntar la escayola y sujetarla con el vendaje. A pesar de sentirse incómodo, podía perfectamente moverse sin que afectara a las pinturas. Caminó por la estancia con las muletas y confirmó que los lienzos estaban bien adheridos a la pierna.

-La forma de reconoceros será la escayola y dos palabras clave. Tú le preguntarás como está su madre y él te responderá que en Roma –Isabel lo miró fijamente cerciorándose de que lo había comprendido.

-Lo pillo. No te preocupes.

Esperaron unos minutos más y salió de la tienda lentamente.

-Espera un momento –dijo Isabel-. Toma esta carpeta. Que parezca que has venido a por una documentación. Una visita tan corta no es muy normal.

BJ sonrió.

-Tranquila, mis colegas están vigilando.

Isabel esperó en la puerta viendo como marchaba hacia el metro. No veía a nadie sospechoso por las inmediaciones y menos aún siguiéndole. Respiró tranquila.


***

BJ bajó dirección a la entrada de metro Noviciado, cogió la línea 2, dirección Sol, e hizo transbordo a la línea 1 hasta Atocha, una parada antes de llegar a la estación. Desde la plaza del Emperador Carlos V se dirigió hacia el sur pasando por el Centro de Arte Reina Sofía. Al final del edificio estaba la calle Argumosa.

En el Bar Automático apenas había sitio para tomar una cerveza. Todas las mesas estaban ocupadas y en la barra quedaba libre la parte de los camareros. BJ miró con disimulo esperando que alguien se fijara en su pierna. «Demasiada gente hay aquí», pensó. Miró hacia el rincón donde solía sentarse, debajo del espejo redondo, y descubrió a una pareja que le miraban. El joven se levantó y marchó al servicio de caballeros. JB esperó unos segundos y lo siguió.

-¿Eres BJ?

-¿Cómo está tu madre? –preguntó saltándose los protocolos sociales.

-En Roma –contestó el joven.

-Sí, soy BJ.

Comenzó a deshacer la venda, quitó la escayola y con sumo cuidado fue despegando los lienzos de la pierna. Pronto sintió como el sudor recorría la pantorrilla mientras el aire refrescaba aquella zona. Se sintió aliviado de poder moverla.

Acto seguido el joven introdujo los lienzos en un tubo portaplanos y salió hacia la mesa donde esperaba su amiga. BJ sacó una bolsa de plástico del bolsillo del pantalón y guardó la escayola. Esperó unos minutos y se dirigió hacia la barra. Mientras pedía una cerveza bien fresca, la pareja salió a la calle charlando distendidamente. No hubo cruce de miradas.

A través del chat cifrado, BJ confirmó que el paquete había salido.

***

La pareja recorrió el Paseo del Prado como si fueran dos estudiantes de arquitectura. Él llevaba el tubo portaplanos a modo de bandolera con aire distraído mientras la muchacha sostenía una carpeta verde de dibujo con cintas. La conversación era de lo más trivial, procurando no hacer comentarios sobre lo que estaban haciendo. A la altura de la plaza de Cánovas del Castillo giraron hacia calle de Felipe bordeando el Museo del Prado. Su destino no era aquel, estaba al otro lado, colindante con la iglesia de San Jerónimo el Real. Dieron las diez y media de la noche nada más entrar en la calle de Ruiz de Alarcón. Pasaron por delante de la misma iglesia, de estilo gótico y renacentista, donde décadas antes contrajeron nupcias el rey Juan Carlos I y la reina Sofía. Sin embargo, era en el antiguo claustro donde Julia aguardaba impaciente. Se trataba de un edificio de tres plantas, estilo modernista de ladrillo rojo y granito, creación del arquitecto Rafael Moneo. La fachada principal estaba alineada con la de la iglesia, situada en un plano superior, por lo que desde la entrada principal había que subir unas escaleras hasta otra más pequeña.

-¿Os ha seguido alguien? –preguntó Julia. Ambos negaron con la cabeza mientras el joven se descolgaba el tubo -. Muchas gracias. Os debo una.

Julia entró en el edificio hacia el taller de restauración del Museo del Prado. A pesar de los años, seguía siendo la misma, como una modelo de Leonardo. Atrás quedó su trabajo en una buhardilla de Madrid, restaurando bajo la luz de una claraboya. El mismo lugar donde descubrió el misterio del cuadro de Pieter Van Huys. Sin embargo, seguía trabajando para el Museo del Prado. El tiempo, talento y disciplina le habían dado la suficiente experiencia para ser considerada una de las mejores expertas en restauración del mundo.

El taller del museo era tranquilo. Aunque ya había anochecido, podía verse la luz de la luna por los grandes ventanales arqueados del antiguo claustro. Caminó entre un sinfín de cuadros que estaban siendo restaurados, focos, caballetes, mesas y estanterías hasta bajar al laboratorio, situado en una especie de bunker, donde se hacían las pruebas con rayos x, espectografías con infrarrojos, microscopías ópticas con luz ultravioleta y cromatografías que permitían analizar componentes orgánicos.


***


La mágica atmósfera del estudio de Isabel volvió a reinar. Era como si el resto del mundo se hubiera evaporado y solo imperara la oscuridad frente a la luz de las pantallas. Hasta ese momento no había reparado en lo útiles que podían ser las tinieblas y las sombras. Sin ellas no habría ese punto de luminosidad, de destello, de lucidez. Rubén estaba inmerso en estos pensamientos mientras vertía café recién preparado en una taza. El centro del estudio parecía una burbuja de luz que se abría paso a duras penas. Sin saber por qué, le consolaba tener cerca las máscaras africanas y las lanzas de los viejos guerreros. Sentía cierta protección física y espiritual.

-Hasta que no tengamos los resultados no podemos hacer nada –dijo Isabel acomodándose en la silla acolchada y poniendo los pies descalzos sobre la mesa.

-O quizás sí. He acotado el área de búsqueda del oro de la República española.

Isabel bajó los pies y giró la silla hacia Rubén. La luz de las pantallas se proyectaba a su espalda convirtiéndola en una sombra.

-¿Qué has descubierto?

-De todo un poco. Información curiosa, demasiado densa y datos que pueden ayudarnos –Rubén se sentó junto a ella más relajado, echando la cabeza hacia el respaldo y extendiendo los brazos hacia delante como si fuera a meditar. Ambos miraban al otro lado del estudio donde estaban colgados objetos y máscaras de distintas culturas-. El primer lugar de la lista es Gori, una pequeña ciudad de Georgia, conocida por sus innumerables cuevas. De hecho, la casa donde vivió Stalin, aunque era de madera, se extendía por una cueva. En Gori nació Stalin el 21 de diciembre de 1879. Fue hijo de un zapatero conocido como Vissarión Dzhugashvili y una sirvienta llamada Yekaterina Gueladze. Allí pasó su infancia y estudió en la escuela parroquial. A los once años de edad Stalin fue atropellado por un faetón siendo trasladado inmediatamente a Tiflis, capital de Georgia, para recibir tratamiento médico. Esta es la segunda localización. Continuó en esta ciudad donde comenzó a trabajar como aprendiz en una fábrica. Sin embargo, su madre estaba dispuesta a hacer lo que fuera por que su hijo estudiara. Yekaterina era una mujer de carácter y muy devota de la Iglesia Ortodoxa. Consiguió que volviera a Gori para terminar sus estudios básicos y con quince años marchó nuevamente a Tiflis para matricularse en el seminario. Durante cinco largos años estuvo internado hasta que fue expulsado antes de finalizar los exámenes.

-Parece que fue un chico rebelde desde el principio –comentó Isabel.

-Pues sí. Lo curioso es que en aquella institución había más espíritu revolucionario que ortodoxo. Stalin alternó la teología como seminarista con las ideas revolucionarias marxistas. Esta es una importante etapa en Tiflis porque va naciendo el verdadero Stalin revolucionario. Entró en contacto con grupos militares que habían sido desterrados en el Cáucaso y se adhirió al Messamé-Dassi o La Tercera Vía, el partido socialdemócrata georgiano. Tras abandonar el seminario tuvo clara su vocación: dedicarse por entero  a la lucha política.

-Pero la lucha política no le daba de comer, supongo. ¿De qué vivía?

-Inicialmente se ganó la vida dando clases particulares y luego en el Observatorio astronómico. En Tiflis preparó su primera manifestación en la que pudo reunir unos quinientos obreros y pronunciar su primer discurso político. Ya no se dirigía a un grupo reducido de intelectuales, se presentaba como un futuro líder. Su actividad política llevó a la Ojrana o policía a controlarlo.

-Había comenzado la verdadera revolución –sentenció Isabel.

-La revolución y la clandestinidad, para ser más exactos –Rubén la miró con una sonrisa enigmática-. Hasta que no se consolidó en el Partido Comunista, tuvo una vida dura y agitada. A partir de 1901 se libró de las distintas redadas policiales. No tenía domicilio fijo, cambia de nombre y se proveía de documentación falsa. Uno de los lugares clandestinos importantes fue Bakú, la capital de Azerbaiyán. Y digo importante porque es el tercer posible enclave. En Bakú creó una imprenta clandestina con el nombre en clave de Nina. Esta imprenta fue una pieza fundamental en la propaganda marxista de Stalin. Para la organización, era el tesoro más preciado. Panfletos, proclamas, octavillas, periódicos y libros salían en cestas de mimbre para repartirlas a otras regiones fuera del Cáucaso. Para Stalin supuso un logro importante y fundamental en su lucha. En esa imprenta apareció el primer periódico marxista en lengua georgiana, Brdzola, lo que permitía difundir las ideas marxistas a las clases obreras que no sabían ruso en el Cáucaso –Rubén hizo una pausa-. En 1902 es detenido por primera vez y encarcelado en varios lugares, incluida Siberia. Comenzaron las revueltas, huelgas y manifestaciones. Consiguió huir hacia Tiflis. Sus viajes entre esta ciudad y Bakú fueron constantes. Son los dos puntos importantes de su lucha. Los conoció muy bien, se sentía cómodo, a pesar de su persecución. Prueba de ello fue la utilización del Observatorio astronómico donde Stalin trabajó para esconder el dinero que un escuadrón de soldados bolcheviques había conseguido tras atacar un furgón blindado.

-Todo era legal si servía para la causa –comentó Isabel-. Así que Tiflis y Bakú son los dos puntos más calientes.

-En todos los sentidos –ironizó Rubén-. Volvió a ser detenido, encarcelado, deportado, desterrado y fugado. Sus movimientos fuera del Cáucaso eran rápidos. Los lugares que visitaba no tenían la más mínima importancia. No eran puntos neurálgicos, más bien una especie de transición antes de asentarse en Moscú. La Revolución de 1917 libera a Stalin de Siberia y comienza su meteórica carrera hacia el Olimpo soviético.

-¿Y los demás lugares?

-El Kremlin, residencia oficial del gobierno, está descartado.  Otro posible lugar pudo ser Sochi, una ciudad rusa cerca del límite con Georgia. Allí se encontraba la villa donde Stalin pasaba el verano. Es un edificio singular, pintado totalmente de verde para camuflarse con la vegetación y evitar ser visto desde el aire, el mar o desde las montañas Akhun. Stalin fue un paranoico de la seguridad. El problema está en que se convirtió en un hotel allá por 1991. Pertenece a un consorcio integrado por el Estado, la petrolera Lukoil y otras empresas rusas.

-¿Por qué lo descartas?

-El convertirlo en un hotel supone reformas, adaptación de la estructura interna y cimientos. Con las obras se hubiera localizado el oro y el magnate Dmitri Prestupleniye no se molestaría en montar este control sobre nosotros. Además, quizás una de esas empresas rusas sean suyas, lo que le permitiría buscar sin problemas.

-Por tanto, habrá que centrarse en Gori, Tiflis y Bakú.

-A no ser que descubramos algo nuevo en los lienzos de Víktor Petrograd.


Isabel se giró mirando a Rubén con ojos destellantes. Estaba emocionada de pensar que tras las pinturas aún quedaban nuevos secretos por desvelar. Aquel pintor ruso no dejaba de sorprenderle. Solo quedaba esperar los resultados de los análisis de rayos x para continuar con la investigación.